Cómo ‘Keeping Up With the Kardashians’ lo cambió todo

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  • Sábado, 12 Septiembre 2020 00:00
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c. The New York Times Company
Foto: Doug Mills/The New York Times

Incluso para los que no son espectadores, el impacto del programa puede sentirse, la familia Kardashian-Jenner anunció que, después de veinte temporadas, la serie de telerrealidad “Keeping Up With the Kardashians” llegaría a su fin en 2021.

Cuando la serie se transmitió por primera vez en 2007, la familia protagonista era conocida por su difunto patriarca, un abogado que representó a O.J. Simpson; el atleta olímpico que se casó con la matriarca de la familia; y una hija cuya vida personal fue expuesta debido a la filtración de un video pornográfico. Pero a los pocos años del estreno en el canal de televisión E!, las mujeres de la familia y su madre-mánager se convirtieron, por derecho propio, en algunas de las personas más famosas e influyentes del mundo.

Para los leales fans del programa, su última temporada significa el final de una era de entretenimiento y acceso a la vida personal de las estrellas, que la serie ha documentado con detalles a veces incansables. Incluso para los que no son espectadores, el impacto del programa puede sentirse; después de todo, la influencia de “KUWTK” en el mundo de las celebridades, la belleza, el espíritu empresarial y el estatus puede verse en las portadas de las revistas y las redes sociales, en los centros comerciales y el comercio electrónico, así como en los rostros de las personas.

Aquí hay algunas de las formas en que el programa cambió no solo la televisión, sino la cultura en general:

Convirtió en celebridades a una familia adinerada normal

 

En sus primeras temporadas, la chabacanería consciente de “Keepeping Up With the Kardashians” se evidenciaba en los créditos de apertura. La familia, vestida con lentejuelas y satén, se encuentra en un paisaje urbano. Un silbido tonto suena mientras posan para la cámara y se preparan para llamar la atención. Estas personas, con su casa de generosas dimensiones y sus horarios de trabajo aparentemente relajados, evidentemente son personas acomodadas. Pero también se esfuerzan.

Siete años después, Kim está en la portada de Vogue con su marido, Kanye West. Unos cuantos años más tarde, Kylie, la más joven, es nombrada milmillonaria (una designación que ya fue enmendada, pero aun así, está forrada de dinero). Todas ellas son propietarias de casas multimillonarias, son seguidas por varios millones de personas en las redes sociales y son extremadamente acaudaladas gracias a sus emprendimientos empresariales.

Es fácil decir que podría haberle pasado a cualquier familia; incluso ahora, la idea de que las Kardashians son “famosas por no hacer nada” sigue siendo persistente. Pero no era cualquier familia. Y los números siguen creciendo.

BONNIE WERTHEIM

La serie creó un imperio de muchas marcas

 

Primero fue la tienda (descansa en paz, Dash). Luego llegaron las colecciones de productos de belleza (Kylie Cosmetics le enseñó al mundo todo acerca de los “kits de labios”); un exitoso videojuego (”Kim Kardashian: Hollywood”); las líneas de ropa (Skims; Good American; Kendall + Kylie, para los más jóvenes; y la Kardashian Kollection, para los más ahorradores, una línea que se vende en Sears); los libros de ciencia ficción (gracias a Kendall y Kylie por ellos); una tarjeta de crédito prepagada; e innumerables colaboraciones con otras marcas.

No es raro que las celebridades y las personas influyentes creen productos que lleven sus nombres. Lo que hace diferente a las Kardashian es su promoción de dichas marcas, que incorporaban al programa, así como los conflictos interpersonales publicitados y los cambios de vida que hicieron que los espectadores se sintieran cercanos a la familia. Parece que valió la pena.

Ahora el paisaje ha cambiado, sobre todo porque así lo quisieron. No necesitan un programa de televisión para vender sus productos como cuando “KUWTK” debutó hace más de una década. El poder está en sus manos. Cuando puedes llegar a tus seguidores directamente a través de las redes sociales, controlar tu imagen pública <em>y</em> hacer millones (¿miles de millones?), se trata de un muy buen trato.

LINDSEY UNDERWOOD

Establecieron estándares de belleza nuevos y poco realistas

 

¿Las hermanas Kardashian se han operado? La respuesta de la familia, con un par de excepciones, es no. Dicen que sus cuerpos siempre cambiantes son esculpidos, tallados y voluminosos mediante estrategias no quirúrgicas: filtros de Instagram, rellenos dérmicos, polvos para contornar, sentadillas. La afirmación es a la vez absurda y astuta.

Un triunfo del régimen de mercadotecnia de las Kardashian ha sido vender la apariencia de modificación corporal extrema, e incluso caricaturesca, como una experiencia accesible para el consumidor, una que se vende a través de viajes de spa en “Keeping Up With the Kardashians”, selfis de ellas sentadas en sillas de maquillaje en Instagram, y productos de marca como los kits de labios de Kylie y la ropa para dar forma al cuerpo de la marca de Kim.

La “cirugía plástica” ha sido durante mucho tiempo la forma de interactuar entre la riqueza y el glamur de Hollywood, pero, para las Kardashian —criaturas nacidas en los programas de telerrealidad y criadas por el internet— la idea de un bisturí en la piel resulta demasiado vieja, demasiado carnal, demasiado humana para la marca.

Las Kardashian fueron los prototipos del extraño aspecto robótico que desde entonces ha colonizado las redes sociales. Existen menos como imágenes fijas que como un esbozo de constantes mejoras tecnológicas. Transformaron la feminidad en un filtro computacional: mejorar, mejorar, mejorar.

AMANDA HESS

Le dio a Estados Unidos las palabras para hablar de las transiciones

 

Caitlyn Jenner —a pesar de haberse casado con la ex de Elvis (la conoces como la madre de Brandon y Brody, esos príncipes de Malibú, California)— a menudo daba la apariencia de ser la menos espectacular de la familia.

Pero si el extenso ecosistema de las Kardashian nos ha enseñado algo, es que también debemos mirar siempre debajo de la superficie. Caitlyn y Kris Jenner tienen seis hijos cada una. El diagrama de Venn de esos doce contiene a dos, Kendall y Kylie, que algunos creen que son las más potentes de la especie.

De las habilidades de la familia extendida que Kendall y Kylie y sus parientes han dominado —una maravillosa presentación de sí mismas, un sentido innato de la explotación de la identidad de la marca, la capacidad de bailar con las estrellas, un increíble don para el argumento y la persuasión— Caitlyn quizá sea la que más ha estudiado.

El anuncio de su transición de género ocupó una parte importante del ciclo de noticias de mediados de 2015, un año aparentemente sin novedades. Comenzó a reunirse en secreto con Buzz Bissinger para un perfil en Vanity Fair en febrero; reveló todo públicamente con Diane Sawyer en abril. Los retratos de Annie Leibovitz se publicaron en junio para la portada de julio de Vanity Fair. El programa de telerrealidad llamado “I Am Cait” se estrenó a finales de julio con una audiencia de millones de personas.

Fue un despliegue de extrema delicadeza en el que todos se fueron a casa encantados. (”Todas las historias son parte de un despliegue coordinado”, le dijo Graydon Carter, el exeditor de Vanity Fair, a este periódico en ese momento).

Caitlyn aportó todo el profesionalismo feroz y los recursos de la familia, y por una buena razón personal. Pero también hizo algo por el resto de nosotros. Al establecer el marco de la conversación, tal vez haya cambiado los corazones y las mentes de los estadounidenses de más edad, los conservadores y los transfóbicos.

CHOIRE SICHA

Nos mostró otro lado de Kanye...

 

Kanye West comenzó a aparecer en “Keeping Up With the Kardashians” en 2012, el año en que empezó a salir con Kim Kardashian. Estaba visiblemente incómodo frente a las cámaras. No se sentaba a hablar en los confesionarios. Pero estaba allí.

En una de sus primeras apariciones memorables, Kanye llegó a la casa de Kim para reorganizar su vestuario. Kim, explicando por qué dejaba que su novio mutilara su armario, le dijo a la cámara: “Es un diseñador de moda, y le encanta la ropa, así que estoy emocionada de colaborar con él para ver qué opina de la moda”.

Las aspiraciones de diseño de Kanye habían sido claras para sus fans desde hacía tiempo. Pero para el público masivo de la serie, las palabras de Kim significaban algo. Se estaban actualizando. Al año siguiente, Kanye firmó un acuerdo con Adidas, que llevó a la creación de la marca Yeezy, una línea de zapatos y prendas de vestir con un valor de miles de millones de dólares.

El programa le ha ayudado a Kanye a promocionarse no solo como diseñador, sino como un esteta visionario, como marido, como padre y como cristiano. Ha proporcionado un contrapunto a aquellos que han despreciado sus ambiciones así como una plataforma de relaciones públicas en tiempos de crisis.

Desde 2012, se ha sentido mucho más cómodo frente a las cámaras y se ha involucrado mucho más tras los bastidores de la serie. Y en 2019, apareció en su primer confesionario. Se inspiró para hacerlo, dijo, en la película de Pixar “Los Increíbles”, que inicia con entrevistas a los protagonistas. “Mi esposa también tiene un trasero grande”, le dijo a la cámara, explicando las similitudes. “Y veo que nuestra vida se parece cada vez más a ‘Los Increíbles’ hasta que finalmente podamos volar”.

JONAH ENGEL BROMWICH

Creó un agente de poder

 

Cuando Kim Kardashian West anunció, en 2019, que estaba estudiando Derecho, los críticos se apresuraron a descartar sus aspiraciones. Ella respondió con unos cuantos chistes autorreferenciales de “Legally Blonde”.

Es cierto que su camino fue inusual: no se graduó de la universidad y no tenía planes de inscribirse a la facultad de derecho. (California es uno de los cuatro estados donde no se requiere un título para presentar el examen del colegio de abogados; Kim será elegible una vez que complete un aprendizaje). Aun así, a pesar de los medios poco convencionales, su interés en la reforma de la justicia penal era evidentemente real.

Un año antes, visitó la Casa Blanca para hablar con Donald Trump sobre Alice Marie Johnson, una abuela de 60 años que había sido condenada a cadena perpetua por un delito de drogas no violento y había estado en prisión durante 20 años. Kim se enteró de su caso en las redes sociales. Después de la reunión, Trump concedió clemencia a Johnson.

En los últimos años, Kim ha hecho llamadas a políticos, escrito cartas de apoyo a los peticionarios de clemencia y pagado los honorarios legales de las personas que buscan su liberación. Esta primavera, encabezó un documental sobre delincuentes encarcelados que buscan una segunda oportunidad y recientemente consiguió un acuerdo para realizar un podcast sobre el mismo tema. Sería fácil descartar estos esfuerzos como una extensión de su marca e influencia, pues lo son. Pero están funcionando.

BONNIE WERTHEIM

 

Escrito por:

Editorial
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